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El alcance real de lo que el agente puede leer y modificar en cada sistema, con credenciales propias y mínimo privilegio. Es la frontera operativa, no un detalle de configuración.
Los permisos se definen por herramienta y por operación: leer catálogo no es lo mismo que modificar precios, y consultar un estado de cuenta no es lo mismo que ejecutar una transferencia. La práctica correcta es dar credenciales propias del agente —nunca las de una persona— con el mínimo privilegio que la tarea exige y su registro de acceso separado.
El diseño se vuelve más importante cuando un portal no tiene API estable y la integración ocurre por navegación asistida. Ahí el agente opera con una sesión real: hay que decidir qué cuenta usa, dónde viven las credenciales, cómo se maneja la autenticación en dos pasos y qué se registra de cada acceso.
Hay un límite que conviene escribir en el contrato: la existencia de un permiso no obliga a usarlo. Un alcance autorizado puede quedar sin habilitar hasta que exista evaluación y evidencia, y esa decisión es del dueño del proceso.